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La forma tradicional de realizar
una ecografía, la denominada
ecografía bidimensional (2D),
fue superada en un primer
momento por la ecografía
tridimensional (3D). Esta
ecografía en 3D consiste en la
reconstrucción de la imagen a
través de una computadora de
manera estática. Con las
ecografías en cuatro dimensiones
se ha dado un paso mas adelante.
La “cuarta dimensión” es el tiempo. Este
tipo de estudio toma las imágenes que le
brinda la tecnología 3D y le incorpora
el elemento “tiempo” a ese proceso. El
resultado final será entonces la suma de
ancho, largo, espesor y tiempo. Podemos
ver entonces un bebe en movimiento y
desde diferentes ángulos.
Por lo general, este tipo de estudio
está destinado a la observación y al
análisis del feto y de sus órganos
internos, durante el embarazo. Esto
favorece a la detección y al tratamiento
temprano de posibles enfermedades
congénitas, anomalías o malformaciones.
Las imágenes que ofrece una ecografía en
4D son de una nitidez sorprendente. El
poder “conocer” al bebe desde la panza,
cuales son sus gestos, su sonrisa, sus
muecas y su actividad motora es sin duda
un factor emocional para los futuros
padres, que tienen la posibilidad de
observar a su hijo en una visión
tridimensional y en movimiento. El valor
afectivo y la experiencia son únicos.
Si bien su relación con la obstetricia
es inmensa, este método innovador no
solo se reduce a este ámbito. Existen
múltiples aplicaciones menos conocidas,
pero no por eso menos importantes.
Algunas de ellas se relacionan con la
ginecología: facilita el control de
dispositivos intrauterinos, ayuda a
detectar el folículo dominante cuando se
esta realizando un trabajo de
fertilidad, diagnostica malformaciones
uterinas, entre otras cosas. |